jueves, 13 de enero de 2011

Un mar de recuerdos



Al igual que ella, yo estaba muy confundido, no estaba seguro de que iba a hacer o que iba a pasar conmigo.
Necesitaba un tiempo a solas, ella no fue a verme más, unos días después decidieron darme el alta, al fin saldría de ese hospital en el que no se podía tener privacidad.
Al salir, mi mejor amigo Diego, estaba allí, después de reprocharme un rato, me abrazo con fuerza y me pregunto:
-¿Cómo rayos llegaste hasta aquí?-mientras metía la mano en sus bolsillos y sacaba un par de cigarrillos.
-No lo se, conduje por horas, no podía dejarla ir-acepte el cigarrillo y lo encendí, mientras continuaba.
-La amo y eso no va a cambiar, no siento eso desde que conocí a… -mi corazón se retorcía de dolor mientras intentaba pronunciar su nombre.
-Melisa – continuó el, sabia cuanto me dolía la muerte de ella, y pensar en ella, me dolía aun más.
El día había sido agotador para mí, llegué al hotel, y pedí una copia de la llave de mi habitación. Al llegar me recosté sobre la cama, lentamente mis ojos se fueron cerrando, hasta caer en un profundo sueño.
Mis sueños se mezclaron con los recuerdos de Melisa, todo parecía tan real como si lo estuviera viviendo de nuevo, los días en la playa, la fiesta en la que nos conocimos, los planes para el futuro, todo se estaba reviviendo, hasta que me encontré en un oscuro pasillo corriendo tras ella, quien tenia toda la cara cortada y estaba sangrando mucho, ella estaba parada junto a un par de tumbas, una que pertenecía a ella y otra perteneciente a Camila
No soportaba ver esas imágenes, mi sueño se estaba convirtiendo en pesadilla.
 Me levante sobresaltado, tenia la respiración agitada, y mi cuerpo temblaba al momento de recordar ese sueño. Me senté en la cama, no podía dormir, esas imágenes se pasaban una y otra vez por mi mente.
No quería estar en ese cuarto, me puse una campera de cuero negra y salí disparado de la habitación, caminaba de un lado a otro, no sabia donde ir, así que subí por el puente y me senté allí, nadie pasaba por ahí.
Eso era todo lo que quería, tranquilidad, estuve sentado durante un largo rato.
Me levante, mire mi reloj y me di cuenta de que era medianoche, fui en busca de mi auto, no estaba seguro de lo que iba a hacer pero no me importaba, ya había sufrido bastante.
Lo busque a varias cuadras del salón de la boda, compre un ramo de rosas, y lo encontré allí, justo como lo había dejado, abrí la puerta y me introduje.
Conduje por la ruta toda la noche, hasta que llegue al cementerio, necesitaba verla, la necesitaba a ella, mas que a nada.
Ella estaba ahí, tenia unas rosas marchitas, al parecer nadie la había visitado desde hace bastante tiempo, quite las rosas marchitas, limpie su foto, estaba tan hermosa, coloque las rosas, y antes de irme, le dije:
-Te amo y te necesito.
¿A caso estaba loco? Estaba hablando con una tumba, salí de allí rápidamente y emprendí mi regreso a Puebla.
Por momentos la odiaba por haber muerto, y me odiaba a mí por no haberme ido con ella.
No entendía por que me paso justo a mi, por que Dios me hacia eso, por que no me había llevado con ella, antes de dejarme en este mundo lleno de dolor y penas.
El viaje se estaba haciendo demasiado lento, pero al fin llegué, Diego estaba allí, con Camila, tenían la preocupación marcada en el rostro.
No quería verla, ni hablarle, ni nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario