Mientras recorría los pasillos del hospital, escondiéndome de las enfermeras, me encontré en la sala infantil, estaba llena de niños con diferentes problemas.
Les hice señas para que no le dijeran a la enfermera, una niña se me acercó, era un poco tímida, tenía unos bonitos ojos azules, y su pelo era castaño con pequeñas ondulaciones.
-Hola, soy Priscila, ¿Cómo te llamas?-parecía de unos siete u ocho años, y me hacia ojitos, probablemente para que no la ignorara, y funcionó.
-Hola soy Tony- ensanche una sonrisa, era imposible no hacerlo, esa niña era una ternura, tenia algunos cables saliendo de su brazo supuse que la estaban controlando.
-¿Qué tienes?
-Estoy jugando a las escondidas con las enfermeras, ¿y tus padres?
-No se donde están, vengo de un orfanato, los estoy esperando-ella bajo la mirada al suelo, de verdad quería unos padres, y de verdad los estaba esperando.
-Oh, no pierdas la esperanza todo llega a su tiempo y… ¿Por qué estas aquí?
-¿Quieres jugar a la oca? Aquí nadie sabe jugar.
-Bueno, pero tendrás que enseñarme, no se jugar muy bien.
Nos sentamos en el piso, yo no tenia idea de lo que hacia, la niña explicaba muy bien, casi estábamos terminando de jugar cuando llego la enfermera, me llevo de la oreja para mi cuarto, no sabia que necesidad tenia de ser violenta, pero no me soltó hasta llegar a mi cuarto.
La niña nos siguió hasta mi cuarto, yo estaba en cama, la niña se subió y trajo un libro con ella, quería que se lo leyera, era el patito feo.
Esa niña me había alegrado el día, incluso hasta se ofreció a prestarme su corazón, no lo acepte pero le dije que mejor me ofreciera su amistad.
Ella acepto gustosamente, y volvió la bruja de la enfermera, la vio dormida en mi cama, ella sostenía el libro que había traído con ambos brazos, parecía un ángel, la enfermera me dejo llevarla hasta su cama, la tape con las sabanas suavemente, y lentamente me dirigí hacia la puerta.
La niña era una recién llegada, al parecer tenia cáncer, pero era tratable.
Jugamos todos los días, solo teníamos una hora, incluso Diego quiso jugar con nosotros, a ella le agradaba mi amigo, se me ocurrió una excelente idea, le pregunte a si no querían adoptarla el y Lorena, al fin y al cabo ya vivían en la misma casa, pero la niña no podía salir del hospital aún.
Camila vino a verme, yo estaba en mi cama viendo la Tv, Priscila se había ido a quimioterapia, por lo que estaba aburrido.
Ella me miraba con mucha lastima, yo le sonreí, no le había devuelto las llamadas, pero no pareció acordarse de eso.
Me dio un gran abrazo al llegar, estuvimos hablando durante largo rato, aun no se habían casado, al parecer el salón se había incendiado y tuvieron que posponer otra vez la boda, esta vez por tres meses.
La niña entro por la habitación con el libro de caperucita roja, y se subió a mi cama, Camila estaba sentada en una silla junto a mi, no entendía nada de lo que pasaba, me miro raro, como diciendo, “¿quien es esta niña?”
Después de presentarlas, comencé a leer el cuento, la niña se entretenía mucho con estos, y yo le leía uno al día, antes de dormir.
Lleve a la niña a su cuarto, acompañado por Camila, le dije que era huérfana, y que le había pedido a diego que la adoptara, le conté del cáncer, y de su ofrecimiento de corazón.
Me daba gracia, pero era un gesto muy bueno, la niña tenía un corazón de oro, era tan buena y dulce con las personas, que no podían evitar encariñarse con ella.
Una mañana durante una visita de ella, tuve una grave recaída, incluso me agarro un paro, pero de no ser por ella, estaría muerto, ahora le debía la vida, se lo agradecería por siempre.
Estuve toda la noche pensando, estaba considerando la idea de adoptar a la niña, pero necesitaría una madre, y Camila estaba comprometida, estaba preocupado, no sabía que pasaría con Priscila si yo moría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario