Al despertar un millón de dudas y pensamientos ocupaban mi cabeza, comenzó a darme jaqueca, sentía que mi cabeza iba a explotar, tome una aspirina y me senté en el sofá.
Gracias a Dios, una corriente de aire entraba por la ventana, me refresco y despejo mi mente.
Lo único que quedaba era una simple duda.
No entendía por que cada vez que podía hablar con Camila, terminaba lastimándola, no tenia el coraje para decirle las cosas de frente, no lo soportaría y le diría algo que la lastimaría aun mas.
Por un momento considere darle su tiempo, pero eso era lo que no tenía, ella se casaría en un mes.
Quizás eso era lo mejor, alguno de los dos tenía que ser feliz, y la felicidad no me había acompañado desde hace tiempo, no por eso tenia que arrastrarla conmigo.
Definitivamente, el amor no era para mí, siempre terminaba lastimado o lastimando a alguien, y yo no quería eso.
Me rendí, mañana mismo me iría de ese lugar, y comenzaría una vida nueva, aunque me doliera en el alma, debía dejarla ser feliz, y aparentemente conmigo no lo era.
Tome una hoja de papel y una lapicera, después de varios minutos comencé a escribir, nunca había sido bueno para las cartas, pero solo era cuestión de intentarlo.
Camila: Solo quería decirte que lamento mucho haber arruinado tu boda, pero no estaba dispuesto a perderte, que tonto ¿no?, vine hasta aquí para no perderte cuando nunca fuiste mía.
Lograste que te amara, pero dejaste una nueva herida, solo quiero desearte que seas feliz con Gonzalo.
Y no te preocupes por mí, estaré bien, sobreviviré.
Lamento mucho todo el daño que te hice, y el mal rato que pasaste por mi culpa.
Te amo, y eso va a seguir así por un largo tiempo, o quizás hasta q mi vida llegue a su final.
Espero que seas feliz.
Tony
Doblé el papel en varias partes y se lo entregue a Diego, estaba seguro que si lo llevaba yo, terminaría rogándole o golpeando a su novio.
Prendí la TV, pase los canales y solo encontré películas de romances, “mierda” fue lo único que pensé.
Comencé a preparar mis cosas, quería salir de ese lugar lo antes posible, metí la maleta en el auto, y esperé a Diego.
Pasados los primeros 30 minutos, comencé a impacientarme, arranque el auto y fui a buscarlo.
Llegue a la casa de ella, me atendió su madre.
-hola señora, ¿esta Diego aquí?
-Hola, aquí esta, lo invité a comer unas galletas, ya que mi hija tiene miedo de engordar- dijo entre dientes, al parecer no le gustaba que le rechazaran sus comidas.
- ¿Ella esta aquí?- en ese momento lo primero que pensé fue en huir de allí.
-No, esta muy ocupada con el tema de su boda, no creo que llegue hasta la noche.
Diego se asomó por la puerta, lo mire enojado, claro yo estaba esperando al señor mientras el se llenaba la panza de galletas.
Se despidió de la señora, mientras yo lo esperaba en el auto.
Cuando subió, no pude resistirme a preguntarle
-¿Le dejaste la carta?- por todo mi cuerpo corrían los nervios, esperaba que no lo hubiera olvidado.
-Si, la deje en su cuarto, mientras simulaba que iba al baño.
Ah bueno, gracias amigo mío.
Entramos en la ruta, ahora solo quedaban unas horas para llegar a casa.
No sabia que iba a hacer, pero estaba seguro de algo, al llegar tendría un nuevo comienzo.
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