El salón ya estaba decorado, supuse que ya estaba todo planeado desde hace tiempo, y que ella solo me había usado para divertirse un rato.
Claro el chico deprimente seria la primera opción para ello, y yo el tonto que se dejo engañar por una muchacha.
Apenas de vio el chef, me mando a llevar 4 platos para la mesa de la novia, mi suerte no podía ser peor, o eso creía yo, me puse un antifaz y me dirigí hacia la mesa de la novia.
Cuando llegue puse los platos sobre la mesa y la vi, estaba tan hermosa vestida de blanco que ni yo me lo creía.
Ella me miro a los ojos y pareció darse cuenta de que era yo, abrió los ojos como platos, mientras yo me daba la vuelta y me retiraba.
-tengo que ir al baño- dijo mientras le susurraba algo a su prometido.
Me dirigí al baño mientras prendía un cigarrillo, solo pensaba “¿para que vine? Obviamente ella no me ama en serio, tendría que largarme de aquí”.
Cuando salí ella estaba ahí, parada sin decir ni una palabra, hasta que dijo:
-lo siento, yo no quería que pasara esto-se secaba unas lágrimas que corrían por su mejillas.
Yo estaba ahí, tieso, sin articular palabra alguna, mi mente estaba en blanco hasta que pude decir:
-¿a no? ¿Y que planeabas? , yo estaba gritando, pero ya nada me importaba.
-me dejaste, solo con ese pedazo de papel! ¿Tan poco te importaba?, No contestaste mis llamadas, ¡nada!
Sentí como las lagrimas brotaban de mis ojos, ella se quedo ahí parada, parecía sorprendida por el cambio en el tono de mi voz.
Me acerque a ella y sin pensarlo la besé, sentí como sus labios correspondían mi beso, pero ya no había nada que hacer, ella se estaba por casar, ya era demasiado tarde para mi.
Y como si fuera poco, el novio salió por la puerta, ella se separo de mí, y miro al novio que se acercaba enfurecido, inmediatamente ella se puso entre nosotros.
Yo sabía que el no tenia la culpa, ella era una manipuladora, o ese era mi pensamiento ese instante.
Y aunque yo la amaba, ese beso era mi despedida de su vida para siempre.
Ella seguía entre nosotros, yo sentí que ya no tenia nada que hacer allí, por lo que di media vuelta y me dirigí hacia la puerta de salida.
Sentí una punzada muy fuerte en la cabeza, sentí como caían trozos de vidrios en el suelo, comencé a sentir el líquido cálido que caía sobre mi cabeza, no pude evitar tocarme la cabeza y vi mi mano roja.
Después de eso no había nada más, todo se volvió oscuro, se sentían los gritos de Camila a mí alrededor, y luego no escuche nada más.
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