jueves, 13 de enero de 2011

Discusiones


-¿Qué hace ella aquí?- estaba muy enojado en ese momento y no estaba seguro del tono de mi voz.
-Yo la llamé, te fuiste a mitad de la noche y pensé que tal vez… -me miraba confuso
-Creyó que estarías conmigo- continuó ella, mientras se acomodaba pelo.
-Bueno, no estaba con ella, ni tampoco me he muerto si eso es lo que querías ver- me dirigía a ella con mucha bronca.
De sus ojos brotaban lágrimas, seguramente estaba actuando, yo estaba seguro de que no le importaba un comino.
-Amigo, no seas tan duro, yo la llamé, es mi culpa- Diego me miro y abandono la habitación, lo ultimo que dijo fue
-Los dejo solos para que hablen-cerrando la puerta tras el.
Ella estaba ahí, quieta, si realizar ningún movimiento.
-Aun no estoy muerto, si es lo que querías ver, tendrán que posponer su festejo.
-¿De que hablas? No te quiero ver muerto, ¿Estas loco?
-Ya no disimules, es obvio que me querés muerto, quizás si este loco, y mañana mismo me corte las venas, o me tome un frasco de pastillas, así se cumpliría tu sueño y vivirías en paz con tu MARIDO.
Dije la palabra con tal odio, que ella se alejo de mi, quizás mas de lo que yo habría querido.
-Creo que mejor será que me vaya, si quieres hablar cuando estés tranquilo, me llamas.
-No lo creo- dije fríamente.
Ella se dirigió hasta la puerta, a lo mejor ella creía que la iba a detener, pero no lo hice, la dejé que se fuera.
Me senté el en sofá y prendí la TV, en el espejo se veía algo escrito, probablemente alguna broma de Diego.
Me picó la curiosidad, así que me acerque lentamente, en el espejo se encontraban dos simples palabras “YO TAMBIEN”, recordaba lo que le había dicho a Melisa en el cementerio.
Si esto era una broma, había sido de muy mal gusto, Diego me la iba a pagar, de una forma u otra.
Lo llamé a mi cuarto, al parecer el se dirigía hacia aquí.
Cuando entro no le deje que hablara.
-¿Te parece gracioso? ¿Me pusiste un micrófono o algo?- el parecía confundido, no sabía de lo que hablaba.
-¿De que hablas? No entiendo lo que me querés decir.
-Cuando fui al cementerio a ver a Melisa le dije que la amaba, y ahora me encuentro con un “yo también” en el espejo, ¿te parece gracioso?
-Yo no escribí nada, lo juro- se acercó al espejo y lo miro detenidamente, pero en el no había nada, quizás tenia razón, me estaba volviendo loco.
Me di cuenta de que tenia que dejar ir a Melisa, no me podía seguir torturando por su muerte, a ella le habría gustado que siguiera con mi vida.
Nunca la olvidaría, pero aun así, mi vida tenia que continuar, sea como sea.
Le pedí perdón a Diego, le dije que estar en el cementerio me había puesto paranoico.
Y le conté de mis pesadillas, el creía que todo lo que yo había visto, se debía a mi falta de sueño, y por una vez en mi vida, le hice caso, me tome una pastilla para dormir, y pase la noche sin pesadilla alguna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario