“Tony: lamento mucho haberme ido, pero no pude terminar con Gonzalo, al parecer mis padres esperan el matrimonio con el.
Hay algo que no te conté, mi padre esta en quiebra y no cree que haya una mejor opción.
Solo quiero que sepas que TE AMO, no te lo pude decir antes por que el miedo se apoderó de mi cuerpo. Lamento mucho el daño que te estoy provocando al huir como si nada estuviera pasando por que ambos sabemos que no es así.
Se que sufriste mucho luego de la muerte de Melisa, y se que aun no se ha cerrado esa herida en tu pecho.
Espero que encuentres a alguien mejor y que vivan una vida llena de alegría.
Te extrañare más de lo que piensas.
Camila
Mis lágrimas caían sobre la nota, no podía creer que me abandonara, pero tenía razón respecto a lo de Melisa, esa era una herida sin cicatrizar y seguiría así durante un largo tiempo.
Pero yo no quería a nadie más que a ella, ella era la única en la que creía, y eso nunca iba a cambiar, jamás renunciaría a ella.
Ya había perdido a Melisa y no estaba dispuesto a perderla a ella tampoco.
Me subí en el auto y conduje hasta Puebla (México).
El viaje llevo varias horas, pero ella valía la pena, no me importaba nada mas, ella ocupaba el centro de mi mente y el de mi corazón.
Estuve buscándola todo el día, hasta que cruce a unos chicos que se dirigían a un casamiento, los seguí disimuladamente, no creía que fuera ella, pero al llegar me lleve una gran sorpresa.
Era ella, esa chica por la cual había viajado horas, por la que habría recorrido el mundo, ahora la iba a perder.
Para mi mala suerte en la entrada pedían invitación, me puse un traje de mesero que siempre me era útil al momento de colarme en alguna fiesta y entre por la puerta de servicio.
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