viernes, 14 de enero de 2011

Pasión


***Camila***
Me levante, como tiro de la cama, necesitaba ver si Tony me había contestado los mensajes, pero no había nada.
Sin pensarlo dos veces, tome prestado el auto de mis padres, y comencé a conducir hasta su casa, esperaba que no fuera demasiado tarde, que aun siguiera allí.
Las horas pasaban y me impacientaba cada vez más.
Al llegar, aceleré el auto aun más, solo estaba a unos kilómetros de su casa.
Cuando llegué a su casa el estaba allí, no sabia que le diría, los nervios me paralizaron.
Me acerqué a él, su boca estaba entreabierta, esperaba que dijera algo, pero no dijo nada.
***Tony***
Me levante mas tarde de lo normal, me estaba yendo a la pileta, diego me había llamado para invitarme  a una fiesta en ella, y yo acepté.
No tenia nada que hacer, el día iba a ser aburrido.
Salí de mi casa, mientras bajaba las escaleras, sentí que un auto se acercaba, levante la mirada, pensaba que Diego estaba buscándome, quizás había olvidado que iba a ir en mi auto.
Pero no era el, era Camila, ¿Qué hacia aquí?, me quede mirándola, no tenia nada que decir, estaba esperando que ella hablara, pero solo me miraba.
-¿Qué haces aquí?- la voz me salió entrecortada, intente aclararme la garganta.
-Quería verte, ¿podemos hablar a dentro?
-Ok, vamos- la invite a entrar, mi casa estaba hecha un desastre, pero pareció no importarle.
Nos miramos durante un largo tiempo, ella estaba sentada a mi lado, miraba sus rosados labios, no me podía resistir, la amaba tanto.
Simplemente la besé, otra vez ella correspondió mi beso, sentía su mano agarrándose de mi pelo, su respiración con la mía.
Comenzamos a quitarnos la ropa lentamente, ninguno de los dos intento detenerse.
Sentí su suave piel contra la mía, era tan hermosa, giramos sobre nuestros cuerpos, cada tanto se oía su risa angelical, y su voz, al decirme que me amaba.
Estuvimos juntos todo el día, ninguno se quería levantar, a ninguno nos importo si nos estaban buscando o no, el mundo y el tiempo no existían en ese momento, solo éramos nosotros y nada más importaba.
Ella estaba acomodada en mi pecho, tenia una piel tan hermosa que  no me podía resistir a tocarla, a oler su cabello, a besarla.
Sabia que ella se iría de nuevo,  que iba a terminar lastimado, pero no me importaba, pero prefería ignorar ese detalle, ella era mía y no sabia por cuanto tiempo seria eso, así que lo disfrutaría.
Estuvimos juntos hasta el anochecer, la lleve a dar una vuelta a la playa, era una noche sin luna, solo había estrellas.
Nos tiramos en la arena y miramos las estrellas durante un largo tiempo, hablamos de nuestra infancia, las cosas que planeábamos, y nos reímos durante un buen rato.
La invite a cenar, al parecer ella no había comido en toda la tarde, el banco estaba cerrado y yo no tenia plata para pagar un restaurante.
Me puse a cocinar, al principio ella pensó que era una broma, nunca me había visto cocinar, se reía a carcajadas de tan solo pensarlo.
Se puso junto a mí, lo primero que preparamos fue pasta, ella la controlaba mientras yo preparaba la salsa. No nos llevo mucho tiempo, al parecer ella no tomaba vino, y después de lo que había tomado en el bar, prefería la Coca Cola, no escuche quejas de la comida, supuse que le había gustado, o la segunda opción era que tenia mucha hambre.
Se había hecho tarde para viajar, la invite a quedarse, para mi sorpresa ella aceptó.
Pensé que seria mejor dejarle la comodidad de la cama para ella, así que me fui a dormir en el sofá, ella no lo acepto de ninguna manera, compartimos la cama, varias veces me robó las sábanas, pero no me importó en lo absoluto.

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